martes, 1 de mayo de 2012

SOBREDOSIS DE ACCIÓN


Hoy he ido al cine a ver la última peli de superhéroes que ha salido y madre mía, que peliculón.
Dos horas y pico de una absolutamente trepidante odisea de acción y  efectos especiales que inundan los sentidos hasta que uno no puede hacer otra cosa que mirar la pantalla extasiado intentando, como mucho, no babear demasiado.
Por supuesto, al salir del cine lo hago con los huevos hinchados de tanta adrenalina y heroicidad concentrada y sabiendo que, al igual que los protas de la peli, yo también soy, no solo especial, si no que el puto amo. Hasta me permito guiñarle el ojo a una tía buenorra a la salida, sabiendo que sus consecutivas arcadas solo intentan refrenar los impulsos animales que le producen mi atractivo.
Entonces, un tipo de pinta poco amigable me para y me pregunta de forma brusca si tengo un euro para el metro.
Dos segundos es lo que tardamos mi testosterona en salírseme por el pantalón en forma de meado y yo en ofrecerle hasta la pelusilla que llevo en el fondo de la cartera.
El tipo, un poco aturdido me mira y me dice:
-Em… gracias tío, pero de verdad que con un euro me arreglo.-
Me devuelve es dinero sobrante y se marcha camino del metro con mi dignidad de la mano.
Afortunadamente me queda la justa para fingir que no oigo las risitas de la gente a mi alrededor.

viernes, 9 de diciembre de 2011

BASURA PRIMORDIAL


El espacio profundo, una inmensidad oscura con un estampado de titilantes estrellas. Un vacío frío y absoluto, solo interrumpido por una nave que en estos momentos lo surca a velocidades inconmensurables.
En la sala común de la nave, los tripulantes comentan las impresiones de su incursión en el último sistema solar que han investigado.
-Otra exploración sin éxito. Nueve planetas y ni rastro de vida en ninguno de ellos.
-Ocho, capitán.
-¿Cómo dice doctora?
-Ocho planetas, no creo que podamos considerar al más alejado de la estrella como un planeta. Ya sabe, por su tamaño y otras consideraciones en torno a su órbita que…
-¡Ya estamos otra vez con lo del planetita!
-Pero es que…
-Ni es que ni es co ¿acaso no era más o menos redondo y hasta tenía satélites de esos?
-Por favor primer oficial, dada su formación como científico debería ser más minucioso en sus observaciones ¿no está de acuerdo capitán?
-A mi sinceramente me trae sin cuidado. Sin embargo, ese último planeta, el que supervisamos durante estos últimos meses, me ha decepcionado enormemente.
-Se refiere al tercero más cercano a la estrella ¿verdad?
-Sí, exacto. Tenía muchas esperanzas puestas en ese planeta. Había agua en abundancia, una gran masa rocosa, una atmósfera con oxígeno y que que permite temperaturas apropiadas para la vida, al menos a nivel celular… Pero nada, ni un solo indicio de vida en todo el planeta ¿Qué demonios hará falta para que se forme la vida? ¿Acaso se trata de un milagro que trasciende incluso a las explicaciones científicas?
-Bueno, por lo menos hemos podido salir a la superficie y hacer algo de vida fuera de la nave para variar.
-Mierda.
-¿Qué sucede doctor Marcus?
-Me tocaba a mí recoger la basura de la comida ¿no?
-Pues sí, no me diga que se la ha dejado.
-Me temo que sí y encima abierta, menudo despiste, y también la fiambrera con los sándwiches que sobraban.
-¡No me joda, a la mierda mi aperitivo!
-¿Su aperitivo? Maldita sea, somos científicos, se supone que investigamos, no que lo vamos dejando tirado todo por ahí.
-Bueno, bueno doctora, no se ponga así, después de todo ¿qué relevancia puede tener un poco de basura en un planeta deshabitado? 

sábado, 27 de agosto de 2011

PLJ EL NUEVO HÉROE DE LA CIUDAD

He pasado los últimos quince años de mi vida entrenándome para este momento. He viajado por medio mundo, he sido adiestrado por los más excelsos maestros en las artes de la guerra, así como por los más osados trapecistas, he estudiado el funcionamiento de cualquier objeto imaginable, desde una supercomputadora cuántica a unas pinzas de tender la ropa y he averiguado la composición química de todas las sustancias imaginables. Mi mente y mi cuerpo han sido pulidos y preparados hasta la saciedad para lo que viene.

Tengo un antifaz, un cinturón con un montón de cosas chachis y un uniforme de licra tan ajustado que hace parecer mi paquete una salchicha envasada al vacío. Estoy listo. En una ciudad en la que la justicia está ciega, yo me erigiré como su perro lazarillo. Seré PLJ, el perro lazarillo de la justicia y llevaré ese emblema en mi pecho para que las almas funestas de esta ciudad lo recuerden cuando caiga sobre ellas.

Repentinamente, mi oído, adiestrado para escuchar el sonido emitido por una mota de polvo al posarse sobre una almohada, percibe los gritos de auxilio de una pobre e indefensa mujer.

En milésimas de segundo, mi cuerpo reacciona. Corro a velocidades de vértigo y salto de edificio en edificio como desearían hacerlo los monos por los árboles. Pongo la potente maquinaria que es mi físico al límite, pero no hay otra opción, alguien me necesita.

En pocos minutos llego a la escena del crimen. Unos pandilleros intentan quitarle el bolso a una dulce ancianita.

Sin detenerme, aprovecho el impulso de mi velocidad para caer sobre uno de ellos y dejarle fuera de juego. Pronto, me incorporo y pongo la pose más chula que conozco. Durante un instante todos (incluida la ancianita) me miran boquiabiertos. Trato de hacer mío el factor sorpresa, pero cuando me dispongo a atacar al resto de bellacos me doy cuenta de que algo va mal. El corazón me late a mil por hora y aunque intento disimularlo, me cuesta respirar.

-¿Quién coño es este payaso?- dice uno de los pandilleros.

-Ni puta idea tío. ¡Mírale, está rojo como un tomate y suda como un cabrón!- responde otro.

¡Maldición! Tanto saltar edificios me ha dejado hecho polvo y ellos se están dando cuenta. Empieza a nublárseme la vista y me tambaleo. No te apoyes en la pared o caerán sobre ti como moscas sobre la mierda. Sin más dilación intento dar una de mis patadas giratorias asesinas a uno de los chavales pero me da un calambre en la pierna y caigo al suelo.

Tranquilamente, los pandilleros se acercan a mí y empiezan a coserme a patadas y puñetazos. Al cabo de un rato me encuentro tirado en pelotas y apaleado en medio de la calle justo al lado de tres de mis dientes.

La anciana, que lleva un rato en observándome curiosa, se decide a aproximarse a mí cojeando y dice con sabia voz- chico ¿es que no sabes que hay que estirar y calentar antes de hacer ejercicio? Hasta una pobre vieja como yo tiene en cuenta eso- y antes de perder la consciencia puedo ver como la ancianita se aleja meneando la cabeza y murmurando cosas sobre lo perdida que está la juventud. Eso sí, la jodida se vuelve con su bolso intacto y sin darme las gracias.

lunes, 8 de agosto de 2011

CAMBIO DE ETIQUETA

Al nacer mis padres me pusieron de nombre Patricio. Desde entonces esa ha sido la etiqueta que me identificaba. Con los años, poco a poco fui conociéndome a través de mí mismo y de los demás. Fui aprendiendo cuales eran las cosas que me gustaban y cuales las que odiaba, lo que se me daba bien y lo que se me daba mal. Tardé mucho tiempo, pasé por muchas fases, pero al final conseguí construir y entender lo que había detrás de ese nombre. Por fin tenía claro quién era Patricio.

Y entonces llegó esa pequeña y extraña criatura. No soy estúpido, sabía que su llegada me cambiaría, que lo cambiaría todo. Pero no esperaba que lo hiciera con la brutalidad y velocidad con que lo hizo. Durante algún tiempo empecé a perder el norte de mi identidad de nuevo, sin saber muy bien a que aferrarme. Entonces, un día, súbitamente la criatura me lo desveló entre sueños mientras yo la observaba con prudencia, como si de algún tipo de hechicería se tratara.

Fue en ese mismo momento cuando supe que había dejado de ser Patricio, por mucho que la gente insistiera en seguir llamándome así y que yo, por costumbre, contestase. A partir de ese instante mi auténtico nombre sería aquel con el que me había bautizado la criatura. Me llamaría Papá.

lunes, 1 de agosto de 2011

idea para un corto de matones

Noel entra en el restaurante y echa una ojeada. Se trata de un restaurante pequeño, unas cuantas mesas y una barra en un lateral con un aparador en el que hay distintos tipos de tapas y tartas. Tras la barra hay un mueble con una cafetera, un dispensador de cerveza… lo típico. En el extremo del mueble, una puerta que conduce a la cocina. Un restaurante de lo más normal. Apenas hay comensales. Mejor así.

-Hola, buenas ¿Qué desea?- dice el dueño del establecimiento al ver acercarse a Noel.

-Deseo encontrar a una persona, Alex Soriano, sé de buena tinta que suele venir a comer aquí la mayoría de los días entre semana.

-Sí, así es-responde el camarero - aún no ha llegado, es posible que no venga hoy.

-¿Ah sí? ¿Y por qué no iba a venir?

-Bueno, como usted ha dicho, viene aquí buena parte de los días, no todos, y cuando lo hace suele ser de una y media a dos.

Noel mira su reloj. Las dos y veinte - Bueno, esperaré aquí de todos modos.

-Como guste ¿Desea que le sirva algo?

-Claro, ponme un ruso blanco.

-Lo siento, no tengo de eso.

-Pues claro que no, es un cóctel, tienes que prepararlo.

-Lo siento no sé cómo se prepara un ruso blanco.

-Dios mío ¿Qué clase de barman eres?

-No soy un barman, llevo un restaurante.

-Está bien, te diré cómo prepararlo, 5cl de vodka, 2cl de licor de café y 3cl de nata. Pon las medidas tal cual te las he dicho ¿De acuerdo? Me gusta que tenga la proporción justa de cada cosa.

-Lo siento, no tengo vodka.

De repente, Noel se da cuenta de que el camarero no parece nada intimidado por su presencia. Es más, su cara es la pasividad por antonomasia, como si fuera un hombre al que no le importase nada, y eso es algo frustrante para un matón acostumbrado a que la gente se cague en los pantalones cuando le ven. Es intolerable, así que Noel intenta irritarle.

-¿Oh, así que no tienes vodka? Bueno, me sé otra manera de preparar un ruso blanco sin vodka. ¿Sabes cómo?

-No tengo ni idea.

-Apunta, primero se llama a mi amigo Dimitri, 2m, y se le dice que meta sus 25cm polla a tu madre hasta dejarla preñada, en esta forma de preparación a tu madre también le gustará que se pongan las medidas en la proporción justa ¿No te parece? También puedo llamar a mi amigo de nacionalidad rusa, Macumba, para enseñarte a preparar un ruso negro ¿Eh, qué me dices camarerete?

-De hecho, mi padre es de origen ruso, así que no hace falta que se moleste en avisar a sus amigos- responde el regente sin inmutar su rostro.

Noel suspira y se rinde en su vano intento de alterar la compostura del regente del bar.

-Está bien, pues ponme un zumo de naranja ¿De eso si tendrás no?

-Por supuesto.

Diez minutos después se abre la puerta del restaurante. Una chica entra y va directamente a hablar con el regente. Debe ser cliente habitual por la forma en que habla con él, quizás sepa algo de Alex Soriano. Además está bastante bien. Noel observa a la chica espatarrado tras la mesa en la que está tomando su zumo. Prefería no quedarse en la barra, el regente le saca de quicio.

Cuando se decide a abordarla para intentar obtener algo de información, descubre que podrá hacerlo sin moverse del sitio pues la chica misma se acerca a su mesa.

-Hola, perdona pero el camarero me ha dicho que estás buscando a Alex.

-Alex Soriano, si, parece que ese camarero es incapaz de guardar un secreto.

La chica sonríe-oye, ¿Te importa si me siento un momento aquí contigo?

-Claro ¿Conoces a Alex Soriano?

-Eso depende de para qué lo estés buscando- dice la chica mientras se sienta.

-Bueno, digamos que tengo asuntos pendientes con él.

-¿Eres un matón?

-¿Te lo parezco?

-Tengo mis dudas, la verdad-dice señalando con la mirada el vaso de zumo.

-Eh ¿Qué pasa con mi zumo?

-Bueno, no es lo que una esperaría que bebiese un tipo duro que se gana la vida pateando culos.

Su tono burlón pone cachondo a Noel.

-Pedí un ruso blanco, pero el fulano de detrás de la barra ni siquiera sabía lo que era.

La chica sonríe-Su padre es de origen ruso ¿Sabes?

-Sí, sí, ya me lo ha comentado. Bueno ¿Qué me puedes contar de Alex Soriano?

-Que es un hijo de perra y que me debe dinero; esencialmente.

Ahora es Noel el que sonríe.

-Así que estuvisteis saliendo.

La chica desvía la mirada.

-Se nota mucho ¿No?

La expresión de Noel se torna triunfal, no hay nada más rencoroso que una ex novia cabreada, le conducirá sin lugar a dudas hasta su presa.

-Un poco, y ¿Qué pasó?

-Descubrí que yo no era su única novia.

-Je, vaya con Alex, precisamente yo le estoy buscando por meter la polla donde no debería.

-No puedo decir que me extrañe. Cuéntame.

-Tu ex amado Alex, se ha estado beneficiando a Sara Zamorano, mujer de un cabrón suficientemente rico y poderoso como para hacer que cualquiera resista la tentación de echarle un polvazo al bombón de su mujer, a no ser que seas subnormal perdido, claro.

-Vaya, vaya, así que se puede decir que Alex está metido en un buen lío ¿Verdad?

-Ajá.

-Oye, y por curiosidad ¿Cómo os enterasteis…?

-¿De la aventurilla de tu amiguete con la primera dama de los mafiosos? Muy fácil, su marido encontró “casualmente” un diario que al parecer ella escondía en alguna parte y no pudo resistir la tentación de leerlo.

-¿Qué le pasó a ella?

-¿Por qué te interesa?

-No sé, supongo que no me gusta la idea de que una pobre chica acabe mal por culpa de que la haya liado semejante gilipollas.

-Tranquila, por suerte para la chica su marido está demasiado abobaliconado con ella como para hacerle daño. Lo más probable es que se quede sin tarjeta de crédito unos meses y poco más. Pero con ese Alex es diferente, ese lo que se va a quedar es sin huevos.- Noel suelta una risotada grotesca. La chica se queda pensativa unos momentos.

-Je, que cara se le quedaría al tío después de leer el diario. Dice al fin la chica.

-Imagínatelo, he oído que ponía cosas como que nunca la habían follado como lo había hecho el tal Alex y que por fin podía dejar de fingir los orgasmos.

Risas

-No me digas, bueno, tengo que reconocer que Alex se mueve genial en la cama.

-Bueno nena, eso lo dices porque nunca te ha follado un hombre de verdad.

-¿Un hombre como tú?

Noel no dice nada, se limita a poner cara de seductor y a mover las cejas arriba y abajo un par de veces.

-Bueno hombretón, tal vez tengas oportunidad de demostrármelo-dice la chica con voz seductora-pero de momento hablemos de nuestro amigo común.

-Alex Soriano ¿Sabes dónde vive o no?

-Si, así es, pero no pienses que te lo diré así por las buenas.

Ya se esperaba esto, era demasiado bueno como para que fuese a largar sólo por su cara bonita.

-¿Qué quieres?

-Como te he dicho, Alex me debe dinero.

-¿Cuánto?

-Mucho.

Noel examina la cara de la chica durante un momento.

-Muy bien, entonces llévame hasta él y yo le sacaré tu pasta a hostia limpia.

-Ni hablar, eso sería muy desagradable para mí, además, evidentemente me gustaría que no se supiese que he sido yo la que te ha dicho dónde estaba. Prefiero llevarte a su casa, tú fuerzas la cerradura, yo cojo mi dinero, tú esperas a que Alex llegue y entonces haces tu trabajo. Todos salimos ganando.

-Menos Alex.

-Bueno quizá incluso Alex saque algo positivo de la paliza.

-Si, como que no debe echarle la caña al bacalao de otro.

-Bueno ¿Qué te parece lo que te propongo?

-Me parece bien menos por un detalle, yo no hago tratos con gente a la que no conozco.

Se produce una pequeña y tensa pausa producto de una repentina desconfianza.

-Me llamo Teresa.

-Encantado Teresa-dice Noel con una sonrisa tranquilizadora-mi nombre es Andrés.

Teresa recupera el ánimo.

-Genial, ahora que nos hemos presentado, si Alex no ha cambiado de hábitos, calculo que tenemos algo así como una hora antes de que se pase por su casa, así que será mejor que pagues ese zumo y nos vayamos.

La siguiente vez que Noel mira su reloj se encuentra frente a una puerta con un alambre en la mano. Son las tres menos cinco pasadas.

-Ya está.

-Vaya que rápido.

-Es parte de mi oficio, la gente a la que visito suele mostrarse reacia a abrirme la puerta.

-¿Por qué será?- dice Teresa mientras se adelanta y pasa dentro de la casa. Noel aprovecha para pegarle un buen repaso hasta que desaparece en el pasillo, luego entra él también y cierra la puerta.

La chica remueve cosas en una estantería llena de libros. Esa debe ser la habitación del tal Alex.

-¡Aquí está!

Noel la observa apoyado en el marco de la puerta mientras ella saca una cajita metálica.

-Ahora sólo te falta la llave, aunque yo podría abrírtelo.

-No gracias, ya me las arreglaré yo para abrir esta mierda de caja.

-Temes que te quite el dinero ¿No?

-¿Me culpas por no fiarme de un matón? Reconocerás que no es la profesión que más confianza inspira.

-Sí, eso es cierto.

-Bueno, yo me voy antes de que llegue Alex.

Noel la agarra del brazo mientras pasa por su lado.

-Un momento ¿Se supone que yo debo fiarme ciegamente de ti?

-¿A qué te refieres?

-Bueno ¿Cómo sé que esta es realmente la casa del tal Alex?

-Entiendo- Teresa mete la mano en un bolsillo y saca unas llaves- estas son las llaves de mi coche, en el que hemos venido. Tómalas, te esperaré en la calle donde lo he aparcado.

Antes de irse ella le acaricia con sensualidad la mejilla.

-Puede que te las cambie por mi número de teléfono cuando vuelvas.

No puede evitar pegarle otro repaso mientras se marcha. Tiene que hacer fuerza para no llorar de alegría por lo redondo que le está saliendo el día.

El reloj del salón marca las tres y cuarto. La puerta se abre antes de lo previsto. Entra un tipo delgado, peinado moderno, ropa cutre, seguramente un camello de tres al cuarto.

El camello cruza el recibidor y cuando gira para pasar al pasillo choca con los nudillos de Noel.

-¡Sorpresa capullo!- Dice Noel con alegría. Le encanta su trabajo.

El camello se queja. Las manos tratando de detener la hemorragia nasal. Un intento de pronunciar una frase que no llegará a completar, porque Noel le propina una patada en el estómago. El camello cae al suelo.

-Prepárate mamón porque esto es sólo el principio, pero antes dime una cosa Alex, por curiosidad ¿Crees que el polvo que le pegaste a Sara Zamorano valió la paliza que te vas a llevar?

-¿Qué? E-e-espera tío-Dice el camello lloriqueando- te estás confundiendo, yo no soy Alex…

-Si, si, es curioso, nadie es quien debería cuando le están pegando.

-No tío, de verdad mira.

El camello le enseña el DNI. Juan Martín Díaz.

-Es falso, ¿Crees que me la vas a pegar?

-En serio tío, te juro que es auténtico.

-Espera un momento ¿Tú vives aquí?

-Si, tío.

-¿Y compartes el piso con un tal Alex Soriano?

El tono de Noel, que trata de entender la situación, es ahora más relajado, lo cual da confianza al camello para incorporarse con cierta dificultad.

-La única persona que conozco con ese nombre es una zorra comecoños que me debe dinero.

-¿Una?

-Si, Alexandra Soriano.

-Pero… ¿Era tu ex-novia?

-¿Mi ex-novia? Tío a esa le vuelven loca los chochitos.

El pulso de Noel se acelera cuando en su más bien torpe cabeza los hechos empiezan a encajar.

-Jajajaja, tío, me parece que te la han jugado.

Repentinamente, el iracundo puño de Noel busca la cara del camello, el resultado del encuentro es este último hecho un ovillo en el suelo, esta vez sin fuerzas para quejarse siquiera.

-¡¡¡También se ha llevado tu caja del dinero así que cállate la boca capullo!!!

-¿Mi…mi caj..? Hostia puta- farfulla cómo puede el camello.

Noel sale cabreado de la casa mientras el camello le recita el vocabulario de las injurias.

Por supuesto, el coche no estaba donde lo habían aparcado ¿Las llaves que le había dado eran falsas o quizás tenía una copia? El caso es que lo último que supo de ella es que había huido con la mujer del pez gordo, del cual el camello resultó ser el sobrino, con lo que Noel tuvo que salir de la ciudad.

Al final el día no le salió tan redondo como esperaba.

El lago

-Ya estoy aquí viejo ¿Qué querías?

-¡Hola Ignacio! Siéntate ¿quieres tomar algo?

-Un zumo de naranja.

-Claro, ¡hey, Marquitos, hazme el favor de ponerle un zumo de naranja a mi nieto cuando puedas!

-¡Marchando!

-Gracias. Bueno ¿qué tal todo Igna?

-Muy bien pero no me llames Igna.

-Jajajajaja, tienes los humos de tu madre.

-Oye, me dijiste que querías decirme algo ¿no?

-Si, así es, pero para decírtelo antes debo contarte una pequeña historia. Una historia de mi pasado.

-Creía que ya me habías contado todas tus historias.

-Jeje. Es cierto que te he contado muchas cosas de mi vida. Sin embargo, esta es una historia especial que hace tiempo que dejé de contar.

-Te escucho.

-Bien, esta historia trata de un hombre junto con el que combatí en el bando republicano. Mira, aquí tengo una foto.

-¿Quién es él?

-El negro que está a mi lado. Se llama Titi y es originario de Angola.

-Parece más o menos de tu edad…¿Sigue vivo?

-Tiene gracia que lo preguntes. Verás, Titi era un tipo bastante alegre, pero si le preguntabas por la edad se ponía todo serio y te respondía que no lo sabía exactamente, que era inmortal.

-Inmortal.

-Así es, todos nos reíamos de Titi sin saber muy bien si lo decía en broma o si realmente estaba loco. Hasta que un día le vimos levantarse como si nada después de que le alcanzara la ráfaga de una MG17. Te aseguro que a partir de ese día dejamos de reírnos de Titi.

-Pfff, mira viejo, no es que me disguste oír tus disparates de vez en cuando pero resulta que tengo vida social aparte, así que la próxima vez ahórramelo.

-Entiendo que no me creas, Igna, yo tampoco lo creería si no lo hubiera visto con mis propios ojos. Precisamente por esta razón dejé de contar la historia de Titi. Pero ahora lo que me interesa no es que me creas, porque tengo algo importante que decirte y está relacionado con esto.

-¿Algo importante? Bueno pues, ¿por qué no empiezas por ahí?

-Mmf, que apresurados que sois los jóvenes de ahora. Está bien, lo que quería decirte es que me marcho y no estoy seguro de que vaya a poder volver.

-¿Qué? ¿Irte a dónde?

-Si quieres saberlo tendrás que escuchar el resto de la historia.

-… Está bien viejo, desembucha.

-Jeje, muy bien, desembucho. Verás, cuando supimos de la inmortalidad de Titi, como es comprensible todos quedamos fascinados por ella, aunque de distintas formas. Unos se alejaron de él, seguramente porque aunque intentaban ocultarlo sentían miedo de algo tan prodigioso como la inmortalidad. Otros sin embargo nos interesamos mucho por esta singularidad. Recuerdo que en más de una ocasión le preguntábamos a Titi cosas sobre grandes acontecimientos históricos, como por ejemplo cosas sobre el antiguo imperio Romano, sobre el comercio triangular o sobre la revolución francesa. Pero él siempre respondía que no sabía nada de todas esas cosas, porque había estado viviendo en su aldea hasta hacía no mucho. Imagínatelo, por el número de generaciones que recordaba haber visto pasar en su aldea dedujimos que podía tener cientos de años, quizás incluso más de mil y todo ese tiempo lo había pasado siempre en su aldea, viviendo el mismo tipo de vida durante todo este tiempo.

-Madre mía, eso es lo más estúpido que he oído en toda mi vida.

-¿Ah sí? ¿Y se puede saber por qué?

-Vamos hombre ¿si tú vivieses durante cientos de años te quedarías siempre en el mismo sitio? Acabarías aburriéndote de todo.

-Pues yo no veo por qué no. A algunos de los chicos también les extrañaba, pero él siempre decía que había sido muy feliz en su aldea. Y si disfrutaba viviendo en ella ¿por qué habría de abandonarla?

-Pues yo que sé, para conocer otras cosas.

-Él no necesitaba descubrir nada más, tenía cuanto necesitaba en su propio hogar.

-Oye ¿seguro que el Titi ese no os tomó el pelo a todos? Además ¿cómo es posible que exista alguien inmortal? Y de ser posible ¿no habría más gente que lo fuera?

-Jajaja, haces preguntas muy acertadas. Parece que te empieza a interesar el tema, aunque al principio te resistías a creerme.

-Eh, yo aún no he dicho que te crea viejo, solo te sigo la corriente.

-Bueno, bueno, en todo caso me viene bien responderte a esas preguntas. Verás, según el propio Titi me contó en una ocasión en la que vagábamos extraviados por el bosque tras una retirada forzosa, él fue convertido en inmortal cuando era joven.

-Fue convertido… ¿por quién?

-Pues verás, resulta que en la aldea de Titi, había un gran lago. Al parecer, en el lago habitaba una diosa. O mejor dicho podríamos decir que el propio lago era la diosa. La tribu de Titi la llamaba Etalekulu. El caso es que Etalekulu estaba enamorada del cielo o Safo eulu, como ellos lo llamaban. Ella lo amaba intensamente desde el primer día en que él la miró en lo alto y nunca dejó de devolverle la mirada. Sin embargo, aunque a veces podía sentir como Safo elulu la acariciaba con una brisa, lo cierto es que su destino era estar separados, no pudiendo hacer otra cosa que mirarse por toda la eternidad. Por eso Etalekulu envidiaba y odiaba a los humanos, pues ella les había visto manifestar su amor en sus orillas e incluso mientras se bañaban en sus aguas. Para ella la injusticia de tener que contemplar a estas criaturas amarse de una manera que ella nunca podría alcanzar era insoportable.

Un día, mientras Titi estaba bañándose en las aguas de Etalekulu, ésta se le apareció haciendo que parte de su agua tomase forma humana. Entonces le propuso algo. Ella le conferiría la inmortalidad a cambio de una condición que solo conocería después de que el trato quedara sellado. Titi, sentía gran atracción por la idea de ser inmortal, pero temía que la misteriosa condición que tendría que cumplir supusiese algún mal para su pueblo. Sin embargo Etalekulu le prometió que tal condición únicamente le afectaría a él mismo. Cuando Titi se aseguró de que su querida aldea no se vería afectada, aceptó sin dudar. Lo cierto es que Titi no confiaba demasiado en la oferta de Etalekulu, pero pensó que merecía la pena arriesgarse por la eternidad. Una vez hubo aceptado, Etalekulu le reveló la misteriosa condición. Titi quedaría a partir de ese momento impotente, de forma que, como le sucedía a ella, se vería obligado a vivir eternamente sin poder realizar la mayor expresión de amor que existía y que solo había sido legada a algunos seres vivos. Etalekulu comenzó a reírse, pensando que a través de Titi se había vengado de los humanos. Sin embargo, su risa fue sofocada por la del propio Titi. Cuando Etalekulu, perpleja, vio a Titi reírse tan vivamente, le preguntó por la causa de su alegría. Entonces él le dijo con una sonrisa en la cara que era imposible que le arrebatase lo que la vida no le había dado.

-Un momento ¿qué significa eso?

-Pues parece ser que Titi ya era impotente de nacimiento. Cuando Etalekulu se enteró de esto, se puso furiosa y arrastró a Titi a lo más profundo del lago. Pero Titi era ya inmortal gracias a la propia Etalekulu por lo que poco mal podía hacerle. Así pues, al cabo de un tiempo ella le liberó y pudo volver a su aldea donde como ya sabes vivió durante mucho tiempo.

-Vaya, no negaré que es una historia muy imaginativa, viejo. Pero no esperarás que me la crea ¿verdad?

-Bueno, Igna, desearía que me creyeras, pero como ya te he dicho, no te cuento la historia por eso. Solo quiero que sepas que la razón por la que me marcho es para buscar ese lago.

-¿Quééé? ¡¡Venga ya abuelo, no digas chorradas!!

-Je, hacía tiempo que no me llamabas abuelo…

-Oye en serio ¿es verdad eso de que te vas?

-Sí, te lo estoy diciendo. El problema es que no sé exactamente dónde está Etalekulu y puede ser un viaje peligroso, especialmente para un viejo como yo.

-¿Qué diablos quieres decir con eso?

-Bueno, a decir verdad es posible que no vuelva. Pero sería un precio pequeño frente a la posibilidad de conseguir la inmortalidad.

-No, eso sí que no. ¡Abuelo, esta broma no tiene ni puñetera gracia!

-Igna, baja el tono que no estamos solos, hombre.

-¡Que baje el tono, dice! ¡Me estás diciendo que te vas en busca de una diosa o yo que sé para convertirte en inmortal! ¿Me equivoco?

-Chico, soy consciente de que puede sonar a disparate, pero yo he visto a alguien inmortal con mis propios ojos y sé que es posible.- No te imaginas cómo han cambiado las cosas desde que yo tenía tu edad Igna. Los increíbles inventos, imposibles de imaginar en aquella época que hoy son parte del día a día. Es difícil que tú, que has nacido en este momento lo entiendas, pero a medida que pasa el tiempo parece que la línea entre la ficción y la realidad se difumina cada vez más. Y hay tanta gente para conocer en el mundo, tantos lugares…

Soy ya muy viejo, me queda poco tiempo de estar aquí Igna y sinceramente, la idea de perderme todo eso oprime mi corazón. Así que si existe alguna posibilidad, por remota que sea de alargar de forma indefinida mi vida, puedes apostar a que me aferraré a ella. Quién sabe, quizá consiga de Etalekulu un trato similar al de Titi, al fin y al cabo hace ya tiempo que padezco cierta…disfuncionalidad por así decirlo.

-No vas a cambiar de opinión ¿verdad?

-Lo siento chico. Eh vamos, no llores, después de todo, si tengo éxito volveremos a vernos.

-No lloro viejo, solo se me ha metido algo en el ojo.

-Jajaja, ya vuelves a las andadas.

Esa fue la última vez que Ignacio vio a su abuelo. Sin embargo, realizó varias expediciones por Angola intentando encontrarle a él y a su fantástico lago. No consiguió lograr ninguna de las dos cosas, pero en uno de sus viajes, en la provincia de Huambo, una anciana le contó la historia de un viejo lago. Según decía, un día unos rayos de sol cayeron directamente sobre el lago, que repentinamente se evaporó y fue a unirse al cielo en forma de nube. Así pues, el lago desapareció de la tierra y fue a unirse con el cielo.